El doble as de jaques y póquer
Equilibrado, de fuerte carácter, elegante y de 1,90 de altura, Alexánder Grischuk estudió Educación Física pero, a los 25 años, ha triunfado en dos duras disciplinas de salón: vencedor de Linares 2009, el Wimbledon del ajedrez, a pesar de que también es profesional del póquer. Esa dualidad parecía imposible en el siglo XXI, cuando los adelantos de la informática obligan a un entrenamiento riguroso para estar al día. Quizá para compensar esa privación de ajedrez, se ha casado con la gran maestra ucraniana Natalia Zhúkova.
Hijo único, sus padres y sus abuelos fueron físicos reconocidos en su país. Uno de sus abuelos dirigió el Instituto Científico de Física de la antigua URSS. Y fue su padre quien le enseñó las reglas del ajedrez, cuando él apenas tenía cinco años. Dado que desde el principio fue un alumno entusiasta y aventajado del tablero, su madre decidió que debía tener un entrenador particular y estudiar lo que él quisiese. Y fue así como a sus 11 años el Gran Maestro ruso Anatoli Bikovski fue contratado por la familia Grischuk. Además, contaban con la ventaja de vivir en la misma calle.
Bikovski quedó pronto muy impresionado: “No me atrevo a hablar de su futuro, pero reconozco que, en los 25 años que llevo como entrenador oficial de la selección de jóvenes de Rusia, la energía que pone Alexánder en cada una de las partidas que disputa es algo extraordinario. Además de entregarse a fondo, intenta encontrarlo todo en cada movimiento. Y, por supuesto, algo importantísimo es que siempre lucha para ganar. No se conforma, como hacen otros jugadores, con un simple empate”.
No es extraño pues que Alexánder fuese campeón de Rusia de casi todas las edades, ni que ganase medallas en Europeos y Mundiales –como el español Paco Vallejo, uno de sus rivales más duros- aunque no logró ser campeón del mundo sub 18. Sus resultados de los últimos siete años son buenos, pero no brillantes –si se exceptúa el oro en el Mundial de rápidas (cinco minutos) de 2006- hasta que logra una invitación para Linares 2009. Con poco tiempo para prepararse a conciencia debido a su pluriempleo, sólo (sin analista ni acompañante), sin aparecer nunca por el restaurante del hotel para el almuerzo, fumando entre bastidores con frecuencia y apurándose de tiempo casi todos los días, el joven ruso firmó una magnífica trayectoria en la primera vuelta: victorias sobre Wang Yué, Radyábov y Aronián (ésta, magnífica), y tablas con los demás. ¿Era una racha gloriosa pero efímera o la consagración de un nuevo astro?
Sólo perdió una partida en la segunda vuelta, ante Carlsen (premio de belleza) y así se convirtió en el ganador más sorprendente de las 26 ediciones de Linares.